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La meditación en niños

La meditación es recomendable tanto para los adultos como para los niños. Sí, para los niños también; se está haciendo cada vez más común iniciar a los pequeños en la meditación por los beneficios que esta práctica aporta a la infancia y que permanecen durante toda la vida.

La meditación es un entrenamiento de la conciencia para encontrar un estado de calma y claridad de pensamiento, y alcanzar el conocimiento de sí mismo. Es una práctica empleada con diversos propósitos, que dependen de los beneficios que la persona desee lograr con la meditación: físicos, mentales, emocionales y espirituales.

Un niño que medita, será capaz de lograr un mejor conocimiento de sus emociones. Podrá observar cuáles son las emociones y pensamientos que le causan disgusto o tristeza, identificarlas y comprenderlas para superarlas.

Algunos de los beneficios de la meditación en los niños, son:

  •         Mayor conocimiento y mejor gestión de las emociones.
  •         Desarrollar autocontrol.
  •         Mejorar la capacidad de atención y concentración.
  •         Reducir el nivel de estrés.
  •         Desarrollar la sensibilidad emocional, la compasión y la bondad.
  •         Mejorar la calidad del sueño.
  •         Regular el funcionamiento de todos los órganos.
  •         Lograr tranquilidad y relajación.
  •         Ayudar en el buen rendimiento escolar.

¿Cómo meditar con los niños?

 

Sin duda la meditación es una práctica saludable para los niños, pero ¿cómo inicias a tus hijos en la meditación? ¿Existe una edad ideal para empezar a meditar?

Empezaremos contestando la última pregunta. Puedes empezar a meditar con tus niños cuando tengan 6 o 7 años, es la edad conveniente para despertar su curiosidad, captar su atención y lograr la postura correcta y el seguimiento adecuado de las instrucciones para realizar la meditación.

Pero si tus niños son muy pequeños, también puedes iniciarlos de alguna forma observando las llamadas conductas premeditativas y que se manifiestan en todos los niños, tales como: jugar con agua, hacer silencio, jugar con plastilina, dibujar, o esconderse. Son conductas que no deberías desestimular porque son maneras que el niño tiene de encontrar la tranquilidad y estar consigo mismo.

También puedes utilizar con los más pequeños, en la cama antes de dormir, juegos, cuentos y música para que logren relajarse, como una etapa de preparación para lo que será una sesión de meditación cuando estén más grandecitos.

Ahora responderemos la primera pregunta. Si vas a iniciar a tus hijos en la meditación, tienes que meditar con ellos, invitarlos a hacerlo y guiarlos.

Igualmente, debes contar con el tiempo y el espacio adecuado para la meditación. Pero no te preocupes si algunas veces no los encuentras, considera que también fuera de ese lugar y en cualquier momento, por ejemplo, puedes junto con tus hijos hacer respiraciones profundas o hacer unos minutos de silencio solo observando el entorno.

 

Empezar y perseverar

 

Tal vez ya seas una persona que medita y tengas experiencia, o has decidido comenzar a meditar y qué mejor que hacerlo en familia. En cualquiera de los casos, utiliza los recursos gratuitos disponibles en Internet sobre la meditación con niños, y, si es posible, es muy recomendable que tomen en familia un curso especializado de meditación infantil. Iniciarse con un grupo es ideal para crear el hábito y enriquecer la práctica.

Ten en cuenta, asimismo, que los beneficios de la meditación se logran solo si se persevera. Sería perfecto que se convirtiera en un hábito en tu hogar como la alimentación saludable y la actividad física.

Dedica un rato todos los días a meditar, con esto darás el ejemplo a tus hijos. Mediten en grupo cuando sea posible, es un momento familiar para compartir estando al mismo tiempo cada miembro de la familia a solas consigo mismo.

 

Empezar por la respiración

 

El control de la respiración está presente en todas las técnicas de meditación. Es la forma en que comenzamos a tomar conciencia de nuestro propio cuerpo y de dónde estamos en el momento presente.

Una manera de empezar, es que guíes a tus niños para que observen su propia respiración, que vean cómo su abdomen cambia al inhalar y exhalar e identifiquen las sensaciones en su cuerpo. Ya sabiendo cómo funciona la respiración, serán capaces de seguir instrucciones para centrarse en respirar durante la meditación.

 

Busca el tiempo y el espacio y sé paciente

 

Piensa en la meditación como una actividad agradable, sencilla y que no resulte aburrida para tus hijos.

Utiliza previamente un juego, cuento, música o el dibujo de mandalas, para lograr el interés del niño. Asimismo, establece un ritual al comienzo y al final de la meditación, tales como encender una vela, hacer una oración o agradecer.

Trata de crear un ambiente cómodo y relajado para la meditación, que la luz sea más tenue de lo normal y que no sea un espacio ruidoso.

Con tus palabras guía a tu hijo al comienzo de la práctica, indícale cómo sentarse, cuando debe cerrar los ojos, los pasos que debe seguir, incluyendo cómo debe ser la respiración, antes de permanecer en silencio. En la parte de las instrucciones puedes usar música especial para meditar (sonidos de cascadas, cuencos tibetanos).

Si no quiere meditar o abandona la práctica a mitad de camino, déjalo, no vayas a forzarlo a hacer lo que no quiere. Acepta la situación.

No te frustres si no sigue las indicaciones al pie de la letra, especialmente si el niño es inquieto. Para canalizar su energía más fácilmente, prueba haciendo la meditación acostados boca arriba en lugar de sentados.

Tampoco cuestiones cómo ha vivido la meditación ni lo vigiles durante la sesión (se supone que estás meditando, no debes hacer trampa). La meditación es una práctica que cada cual experimenta a su manera, su experiencia no tiene por qué ser igual a la tuya.

 

Sé imaginativa

 

Usa tu imaginación para mantener el ánimo y la atención de tu hijo en la práctica constante de la meditación.

Haz que sea variada, un día puede ser una meditación donde solo se practique la respiración. Pocos minutos y respiraciones bastarán. Al día siguiente, dedíquense a practicar un ejercicio de visualización, aliméntenla con imágenes, permite que tu hijo te ayude a construirlas.

 

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